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Reportaje a Liliana Herrero |
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La voz entrerriana se trepa al aire. Desciende desgarrada. Asciende incorporeamente densa. Mi corazón es una sombra, una moneda oscura, destruida, por el tiempo sin tiempo y sin memoria. Serenamente digo soy un ángel. Y me debes creer y me debes creer...î Los versos de Jacobo Regen se recuestan en la música del Cuchi Leguizamón. Liliana Herrero destapa un sentimiento en su garganta, rastreando quizás aquellos ángeles y duendes de su Villaguay natal, donde vio la luz el 22 de abril de 1948. Don Juan José, su padre, le abrió las ventanas de la música y de la literatura. Juan L. Ortiz, Veiravé, Mastronardi sosegaban vinos y amistad en la casa paterna. En la otra orilla del Paraná, Liliana buceó en la filosofía y se hizo un espacio importante en la Universidad de Rosario. Pero la música le afiebraba las tripas, de manera que comenzó a forjarse un destino paralelo, convirtiéndose en una de las cantantes más originales de nuestra música popular. Sus dos últimos trabajos -El diablo la anda buscando - y - Recuerdos de provincianía han sido recibidos gratamente por la crítica. - Cómo fue tu acercamiento al folclore? - Entre otras músicas que mi padre me enseñó, estaba el folclore como algo fundamental, aunque también la música clásica, el jazz y Los Beatles. Del folclore aprendí fundamentalmente a Yupanqui que en más de una oportunidad, estuvo en Villaguay y en mi casa. Más tarde comprendí que Atahualpa nos invita a pensar en el silencio. Nos invita a pensar en la soledad. Nos invita a pensar en una gran travesía por la llanura. Nos lega la posibilidad de la invención porque él lleva en su propio nombre, un invento. Pero creo que mi acercamiento al folclore vino acompañado de la literatura como la de Juan L. Ortiz, ese poeta que había desentrañado el enigma del río. Como para los entrerrianos la patria es el agua, como decía Linares Cardozo, vi en esa escritura zigzagueante de Ortiz un mundo a interpretar. Me parecía que el folclore tenía algo de esa palabra decisiva que reclaman los países para ser explicados. En realidad, todo paÌs exige ser interpretado. Con el folclore yo busqué la raíz de la raíz hasta que percibí que esa búsqueda te deja siempre en el aire, dispuesta a reiniciar otra búsqueda. - Qué significación adquieren las texturas en el canto? - A partir de mi fuerte inclinación a la música, mi familia me envió a estudiar piano, cosa que hice con entusiasmo. Juanita Alsina se llamaba mi profesora. La amé profundamente y aún la extraño. Tenía una enorme capacidad para enseñar lo que ella llamaba las intenciones en la música. Recordaré siempre sus orientaciones en lo que hace a la interpretación. Cada compositor es un sonido diferente, no es lo mismo Debussy que Chopin, decía. Esto es casi una obviedad. Sin embargo, ahora, cuando canto presto mucha atención a las texturas, a los sonidos. Mi búsqueda está fundamentalmente ahí, en la complejidad de un sonido que te identifique. Por eso me sorprendió el Cuchi. El logró un sonido propio. Es como si hubiera comprendido, al escucharlo, aquellas fórmulas de Juanita: la sonoridad, la textura de la música son de una gran complejidad y exige una búsqueda infinita, inabarcable. Sin embargo, hay un momento en el que, de golpe, uno encuentra trazos sonoros u horizontes en los que se puede extender un canto o el toque de un acorde. Ahí está algo de lo que uno andaba buscando. Creo que en las texturas musicales está la infancia, la mujer en la canoa, el arroyo, el olor del campo, la plaza, los novios... Ahí hay un mundo y una vida. Pero eso es siempre una búsqueda inacabable. Siempre he pensado que los recuerdos suenan. Los sonidos son recuerdos, añoranzas, pérdidas irremediables, infancia. Eso es el pasado y tiene sonoridad, texturas. La textura organiza la música porque trae al recuerdo como misterio e inexplicabilidad. - ¿Cómo elegís las canciones? ¿Te atrae primero la música o la letra? - Me seducen las melodías. Una buena melodía permite ir hacia cualquier lado, te puede llevar al infinito. Pero éstas tienen que estar acompañadas de un texto que se pueda cantar con convicción. El folclore tiene hermosas melodías más allá del arreglo en el que se ofrezca y bellos textos. Pero no siempre se da esa feliz coincidencia entre melodía y texto. Puede ocurrir que encuentres una línea melódica muy potente acompañada de una letra vacilante o poco convincente o a la inversa. De todas maneras, busco en cada tema un pequeño mundo del que hablar. El folclore me interesa cuando logra reunir en un texto y en una música la inocencia y el desamparo de la condición humana. Allí donde está la aldea, pero también allí donde está el mundo en su más extenso horizonte. ¿O es que hay algún lugar en el que no palpite la aldea? - ¿Cuál es tu mayor desafío como intérprete? - Descubrir en la música el fantasma, el paso del tiempo es lo que me gustaría cantar. Descubrir otra posibilidad para el folclore. Saber que está lleno de contrastes, de inquietud y de turbulencias, más que de fusiones o de mezclas. La música está en el tiempo y el tiempo está en las palabras. Música, palabras y tiempo, eso quisiera cantar, eso desearía expresar. Los sentimientos de la poesía folclórica hablan del silencio, del abandono, del olvido, del fin de todas las penas. Ese es el diccionario de nuestras vidas, el mapa de todas nuestras utopías. Ojalá un canto, una voz pudiera incorporar sin temores, la amenaza de su fragilidad y su fugacidad. Este sentimiento me ha invadido al cantar la Canción del caballo sin jinete del Cuchi Leguizamón. - ¿En qué circunstancia conociste al Cuchi y por qué admirás su obra? - Lo conocí gracias a una amiga rosarina que se llama Susana Vadel. Ella, a su vez cultivaba esa amistad gracias a Manolo Juárez. Lo admiraba desde mucho tiempo antes, pero nunca había tenido la oportunidad de conversar con Èl y menos aún de hacer música juntos. Fue a principios de los años 80. Luego nos encontramos muchas veces tanto en Rosario como en Buenos Aires, en Córdoba y en Salta. Siendo directora de la carrera de Filosofía en la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, lo invité a dar una charla sobre su música. El salón de actos estaba repleto de estudiantes. Eran los primeros años de la normalización democrática de la Universidad. Se pasó toda la noche hablando de Sarmiento y contando chistes maravillosos. El Cuchi Leguizamón es un surrealista criollo. El se ha colocado en medio del mito de viejas culturas y la más moderna poesía de la soledad. El Cuchi es un filósofo de los sonidos, del mito y del humor. Para Èl la vida está hecha de enredos y absurdos. En la brevedad de un chiste y en la complejidad de la poesía, el Cuchi inspira su música irreverente. Con su música, su obra, siempre tuve la sensación de que el folclore, si bien tiene sonidos lejanos, infinitamente arcaicos, respira, al mismo tiempo, la complejidad del mundo presente. Para Èl todo público es musical. En los nuevos espectadores, -esos oídos dispuestos a escuchar novedades-, siempre se renueva la vida. Compone como cocina. A sus melodías las organiza con una enorme sutileza, semejantes entre sí, pero cada una posee un momento exclusivo, rotundo, abierto, lleno de sugerencias. Usa octavas que hacen cambiar el timbre de la voz y su intensidad. Séptimas, novenas, oncenas, al servicio de fábulas y narraciones inverosímiles. El ha puesto lo mejor de la música occidental al servicio de la canción popular argentina, buscando armonías extrañas y sutiles, dichas por el Dúo Salteño, estrictos cantores de su obra. - ¿Qué importancia tiene Fito Páez en tu camino musical? - Tiene toda la importancia que puede significar una amistad honda y única. Lo conocí también por los 80. Juntos nos deleitamos con la amistad del Cuchi Leguizamón. El deliraba por el rock y yo amaba el folclore. El país aún era sombrío pero igualmente nos juntábamos -seguramente esperanzados- a tomar cerveza y a escuchar música. Los dos vivíamos impacientemente. Nos intercambiábamos lecturas, músicas, amigos. Yo conocí a Luis Spinetta y Èl al Cuchi, a Dino Saluzzi. Discutíamos -aún lo hacemos-; Èl se sorprendía con el pasado que retornaba en cuerpos, rostros e historias en los amigos que volvían del exilio; yo iba -aún temerosa-, a los recitales en Obras Sanitarias. Así ha sido y es nuestra amistad. Un mundo de sorpresas, intercambios, préstamos culturales y cuidados personales. No nos fue tan mal, grabamos unos discos y le quitamos el sueño a más de uno. Nos une la misma pasión, la misma furia, las mismas incógnitas de la vida. - ¿Cómo conciliás la tradición del folclore con su modernidad? - El folclore tiene una profunda tendencia a pensar la identidad como forma cerrada y clausurada a cualquier diálogo con otras formas culturales. Me parece que hay que considerar todas las formas culturales como equivalentes y abiertas. Precisamente, el diálogo entre culturas reconoce la característica esencial de las culturas, la de no tener esencias fijas, pero sí conocimientos y estilos reconocibles. Me gusta llamar justicia cultural a las formas culturales abiertas, a la crítica de toda identidad y a la posibilidad permanente de encontrar intercambios y fusiones que no sean axiomáticos ni obligatorios. La relación de la cultura presente o actual con el tiempo y con el legado arcaico de las sociedades es una relación que la música de cualquier Ènero debe pensar y exponer. Es un debate postergado y eludido en la Argentina. Por mi parte he intentado pensar el pasado, la tradición, como innovación y como desarreglo, en vez de aceptarlo como obligación e imposición. He buscado convertir en lecciones creadoras los ejemplos del pasado. Este es, para mí, un debate crucial. Entonces cuando uno toma el pasado no sólo como dato de conocimiento, sino como muestra de desarreglo, se apropia filosóficamente del pasado y no acepta el pasado como herencia, sino como búsqueda. Desarreglar es descubrir el choque de lenguajes y de tiempos que inesperadamente se dan cita en un lugar y que nos abren la posibilidad de armarlos y rearmarlos. En el intento de armar y rearmar lenguajes le damos un nuevo sentido a las cosas, puesto que aparece una voz nueva en una ya antigua. - A menudo, se confunde fusión con evolución...
Agradecemos a Roberto Espinosa por su gran colaboración. Para comunicarse directamente con el puede enviar un mail a ... |
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